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Esas gafas de pasta, esa cara
amable, esa mirada tranquila.
Nada indica que éste es el
rostro del autor de uno de los
mayores atentados contra la
humanidad. Vincent Connare, que
perpetró en 1994 la tipografía
Comic Sans, lleva una vida
aparentemente normal. Tiene una
familia normal, amigos normales
y trabaja en un estudio de
diseño normal en el Reino Unido.
Nacido en 1960 en Boston,
este estudiante del New York
Institute of Technology, usa el
humor para defenderse: “Soy el
creador de la fuente favorita de
todo el mundo”, para más
adelante, echando a un lado las
risas y tratando el problema de
frente, se excusa explicando que
él no quería, que su intención
sólo era crear un tipo de letra
divertida para niños, que se le
fue de las manos, que no
recuerda qué pasó, que no era
él, que actuó bajo los efectos
del fenómeno Microsoft, que por
dios señor juez, tiene que
creerme.
Pero el daño ya está hecho. Y
el tiempo no siempre cura las
heridas. Al igual que con el
accidente de Chernóbil, las
consecuencias las seguimos
sufriendo hoy día. Todos. El
otro día sin ir más lejos,
esperando en un semáforo, vi
frente a mí una zapatería con un
letrero blanco, que en letras
verdes tipo Comic Sans rezaba:
“Zapatos y Complementos”. Es tan
sólo un ejemplo, una muestra de
los miles de dramas humanos que
a diario sigue provocando este
señor que no sólo no ha pagado
por lo que hizo, sino que se
mofa de la humanidad
abiertamente. Desde su Twitter,
sin ir más lejos, enlazaba esta
misma mañana a un artículo de un
periódico británico que nombraba
a su engendro en su edición de
hoy. Si este tipo de crímenes
quedan impunes, acabaremos muy
mal.
“Primero entregaron un
trabajo en la facultad y la
portada llevaba letra Comic
Sans, pero a mí no me importó,
porque no soy profesor. Después
montaron una zapatería en la
calle de al lado y su cartel
estaba en Comic Sans, pero a mí
no me importó, porque no es mi
calle. Un amigo me acaba de
mandar un correo escrito en
Comic Sans, y ya es demasiado
tarde”.
Información recopilada de:
El teléfono verde |