Marta
Nuria Márquez
30 días de Fisioterapia · Nº 19
· Julio 1999
Cuando
Felicidad se fracturó la cadera
el Alzheimer ya había limitado
considerablemente su
independencia. Vivía con su
hija, Reme, y con un señor del
que a veces recordaba el nombre
y a veces no. Sus nietas eran su
vida. Había olvidado ya las
edades de ambas y hubiera sido
incapaz de decir qué estudiaban,
pero sólo ver las caras jóvenes
y alegres de las dos muchachas
cuando les ponía el desayuno por
las mañanas, la impulsaba a
seguir viviendo, a continuar
luchando contra el olvido.
Pero un día se cayó. La vieja
torpe tropezó con una miserable
alfombra. Tanta lucha, tanto
levantarse al alba, coser a la
luz de una vela hasta la
madrugada, traer piezas enormes
de tela y devolverlas
convertidas en ropas
meticulosamente confeccionadas,
y ahora una insignificante
alfombra era capaz de
interponerse en su vida.
Sentada en una silla de ruedas,
Felicidad de 82 años, ya no sabe
si es hoy o ayer. La hija, Reme,
se parece tanto a su hermana, la
mayor, la que se casó con el
carnicero, un hombre que no
sabía de cuentas ni de nada, y a
base de trabajo consiguió ser
dueño de medio pueblo. ¡Qué
guapa está la Reme! Se nota que
la trata bien el carnicero.
Las dos nietas siguen siendo su
vida. Felicidad se levanta al
alba todos los días para
preparar el café en la vieja
cocina de gas, cose hasta el
amanecer enormes piezas de tela,
todo para que no falte comida en
la mesa de sus dos tesoros.
Hoy, no sabe por qué, no
consigue levantarse de la silla.
Hice lo de todos los días, dice
a su hija, pero estoy cansada y
me duele tanto la pierna...
Una operación de tres horas en
la que le extirparon la cabeza
del fémur, un mes de
postoperatorio, la anestesia,
los medicamentos, la
inmovilización,... viendo a su
madre en la silla, llorando
porque no puede levantarse a
buscar las telas, Reme decide
ingresarla en una residencia.
Retracción de isquiotibiales en
ambos miembros inferiores.
Equino de los dos pies. Flexo en
ambas caderas. Atrofia muscular
generalizada. Postura en
sedestación hipotónica, con
apoyo en sacro, carente de
equilibrio estático y dinámico.
Miembros superiores con atrofia
por desuso igualmente, sin
grandes limitaciones
articulares, movilidad fina en
mano muy disminuida. Pérdida de
visión y audición, y demencia.
Informe del cirujano: Puede
comenzar a cargar la cadera...
¡¿?!
No existen los milagros, y Ana
lo sabe. Pero Felicidad ya la
reconoce. La llama Reme, pero da
lo mismo porque llama reme a
todo el mundo. Estuvo 15 días
intentando aplicarla todas
aquellas técnicas que sabía eran
las más efectivas en aquellos
casos: estiramientos, apoyos
parciales, posturas
osteoarticulares, largos
tratamientos en camilla que solo
conseguían hacerla llorar. Al
final, tras una etapa de
desaliento, optó por la
Fisioterapia más sencilla.
Movilizaciones pasivas y
ejercicios asistidos de tronco y
miembros superiores desde la
silla. Tratamientos muy cortos y
un día descubrió que Felicidad,
a base de repetir los mismos
ejercicios día a día, había
terminado por aprenderlos y pudo
comprobar con sus manos que
aquellos músculos frágiles se
contraían de forma activa.
Incluso de tanto oír a Ana
nombrarlos, ya reconocí ay
diferenciaba su pierna izquierda
de su brazo derecho.
Felicidad no volverá a caminar,
y Ana lo sabe, al igual que
Reme, la hija. Pero eso no las
desalienta, como tampoco
desanima al resto del equipo de
la Residencia, porque Felicidad
gracias a su mejor postura en
sedestación y a la estimulación
constante del medio, está más
integrada en la realidad que la
rodea, respira con más facilidad
y le duele menos la espalda.
Además, el control de tronco le
permite acceder a cosas lejanas,
vuelve a usar sus brazos, y ha
adquirido la costumbre de
alcanzar todo lo que pueda ser
leído para recitarlo en voz alta
con su vocecilla temblorosa. Sus
piernas no volverán a ser
útiles, están jugando en contra
del tiempo, pero al menos no se
convertirán en un estorbo a la
hora de los traslados y cambios
posturales. "Quien sabe, tal vez
logremos que alcancen punto de
apoyo".
Se trata de un nuevo objetivo y
ahora no parece tan ambicioso
como hacía dos meses, cuando al
observar aquel cuerpo Ana sólo
vio la anatomía, la biomecánica
y la fisiología, cuando se
olvidó de analizar, cuando se
olvidó de planificar: cuando se
olvidó de Felicidad.
Felicidad, de 82 años, vive en
un sitio grande, donde muchas
personas se ocupan de ella. A
ratos regresa a sus telas y su
costura, pero eso forma parte
del pasado.
"¡Qué bien cosida está esta
camisa!" dice tomando la
chaquetilla del pijama de Ana.
"¡Qué elegante!". "¿Estoy guapa"
le pregunta la fisioterapeuta,
agachada junto a la silla
mientras le coloca los pies.
Felicidad la mira con gesto
desaprobador mientras se inclina
hacia su cara: "Anda hija,
quítate esos pelos de la cara"
le retira un mechón con sus
dedos y añade con una caricia "y
no trabajes más"...